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31.7.09

Camarero, el menú.

Eran los inicios del Tour. Las carreteras por las que hoy transita la que en la actualidad es la prueba de varias etapas más dura del Mundo, todavía eran de tierra y piedras. Las bicicletas en esos inicios de siglo XX pesaban más de 15kg. Las etapas parecían interminables.

De aquellos comienzos todavía ahora perdura la esencia romántica, el alma de una competición que sigue enamorando a todo aquel que la sigue. Una prueba que aún en una sociedad que mayoritariamente busca lo más fácil y el menor esfuerzo, consigue sin embargo cautivar al que se acerca a la cuneta de la carretera para verla pasar o se pega al televisor a la hora de la siesta estival para emocionarse contemplando los ascensos a las míticas cumbres de la prueba que todo ciclista sueña poder disputar y terminar en los Campos Elíseos de París.

No es menos cierto que dentro de la "Grande Boucle" otras cosas han cambiado. Entre ellas, la necesidad de preparar una competición de 21 días de la forma más científica posible, teniendo en cuenta variables tan importantes como entrenamiento, nutrición o ergonomía (estudio de los materiales y su adaptación al deportista). Y en este punto, la diferencia con los orígenes es total. Valga como ejemplo que en el último Tour, la cantidad de calorías y agua que cada ciclista debía ingerir estaba perfectamente calculada en función de las necesidades individuales, de la etapa y de las condiciones climáticas.

Todo lo contrario sucedía en los primeros años de la ronda gala. Los ciclistas, que no disponían de los bien organizados avituallamientos de hoy en día, paraban a comer en los restaurantes que iban encontrando por la carretera, pidiéndole al camarero el menú que aquel día ofrecía el cocinero.

Esa dinámica llevaba a situaciones tan curiosas como que, por ejemplo, los ciclistas italianos pedían comidas típicas francesas, evitando así tener que repetir los platos de pasta que casi a diario comían en su país. Claro esta, en aquellos momentos muchos ignoraban la necesidad de ingerir hidratos de carbono antes, durante y después del esfuerzo físico.

Se trata de la energía de mayor calidad que la musculatura puede utilizar para la contracción y relajación, ya que participa en la formación de ATP (la "moneda" energética del organismo) en las vías metabólicas que más rápidamente y con menor gasto de oxígeno producen la energía para cada movimiento.

Por ello, y debido a que los depósitos de los carbohidratos en el organismo (científicamente denominados "glucógeno") son relativamente escasos, es esencial su reposición de forma diaria para asegurar que siempre estén presentes en cantidades adecuadas para conseguir que durante el esfuerzo la intensidad sea la óptima en cada instante.

Ciencia. Sencillamente ciencia. Pero que trasladado a la realidad del deportista actual para optimizar su rendimiento se aleja años luz de lo que en sus inicios fue el Tour. Claro está que tanto los actuales ciclistas como los pasados merecen el mismo y enorme respeto dado que la exigencia en su deporte se eleva al máximo exponente. Vive le Tour.


La exigencia de un deporte sin igual. (Foto: http://www.letour.fr/).